Mundial Chile
 
 
 

Mundial Chile

Chile vivió el Campeonato del Mundo con menor promedio de goles por partido. Un punto de inflexión en la historia del fútbol. El concepto ofensivo y con el gol como principal objetivo que había imperado hasta la década de los cincuenta, se transformó y dio lugar al llamado fútbol moderno del equilibrio táctico, con preferencias por las defensas férreas y con un precepto guía fundamental: “Para ganares preciso encajar un gol menos que el adversario”. Cuatro años antes del Mundial Chile, la brillantez de Brasil, campeón del mundo en Suecia, ocultó las primeras modificaciones tácticas defensivas. A pesar de que la selección brasileña fue modelo del sistema 4-2-4, su tendencia a retrasar un delantero era manifiesta. En 1962, la táctica ya definitivamente adoptada del 4-3-3 significó el comienzo de un fútbol más precavido y temeroso. En Chile, lodos los equipos jugaron con ese sistema que, en algunos casos, variaba sumando incluso más hombres en defensa y en el centro del campo. Un dato concreto que confirmaba el fin del fútbol abierto de ataque, sustituido por la especulación defensiva, es la inversión de la tendencia goleadora.

 
 
 
 
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Además de Brasil, como último campeón, y Chile, como país organizador, otros 14 equipos disputaron la fase final del campeonato, después de un año y medio de eliminatorias en las que participaron 57 selecciones nacionales de todo el mundo.
El sorteo realizado el 18 de enero de 1962 en Santiago de Chile dejó conformados los cuatro grupos de clasificación en que se distribuyeron los 16 finalistas: en el grupo 1, con sede en Arica, al norte de Chile, se encuadraron la Unión Soviética (campeona de Europa dos años antes), Yugoslavia, Uruguay y Colombia.
Integraban el grupo 2 del Mundial Chile, el más fuerte del torneo, las selecciones de Chile, Italia, Alemania y Suiza, en Santiago de Chile.
En el grupo 3, con sede en la ciudad balnearia de Viña del Mar, se hallaban el último campeón del mundo, Brasil, junto a Checoslovaquia, España y México.
Y finalmente, en Rancagua, al sur del país, Inglaterra, Hungría, Argentina y Bulgaria componían el grupo 4.

 
 

El partino inagural del mundial chile

Desde el primer momento, se confirmó la sospecha de que se vería un fútbol defensivo, áspero, de malos modos y absoluta escasez de imaginación. Sin embargo, el partido inaugural, disputado en el Estadio Nacional de Santiago el 30 de mayo de 1962, se tradujo en una fiesta de homenaje al país organizador: la selección chilena se enfrentó al equipo más débil de su grupo, Suiza, y venció por 3-1 en medio de una euforia generalizada, aunque el comienzo no pudo ser más negativo, ya que los europeos se adelantaron con un gol logrado a los 8 minutos de iniciado el partido, un tanto que los locales no lograron neutralizar sino casi al término del primer tiempo con un gol conseguido por el extremo izquierdo, que sería uno de los jugadores destacados al final del Mundial Chile.
De los cuatro partidos de cuartos de final del Mundial Chile, la historia sólo conserva el recuerdo de dos de ellos: el que disputaron Chile y los soviéticos, y el que opuso a Brasil con la “madre del fútbol”, Inglaterra.

 
 
 
 

Mundial Chile

Los otros dos enfrentamientos fueron un recital de juego pobre, a tono con el nivel general del campeonato hasta aquel momento y siguiendo fielmente la pauta del fútbol físico y agresivo impuesto por los equipos europeos. Yugoslavia venció a Alemania con un gol marcado en los últimos minutos, en tanto que Checoslovaquia, un equipo centroeuropeo relativamente modesto, se imponía a una Hungría de la que se había pensado algo que no se confirmó: que practicaría un fútbol interesante, conducido por el talento de su delantero Albert.

Chile derrotó a la Unión Soviética por 2-1, gracias al enorme fervor de sus jugadores y a dos clamorosos errores de uno de los mejores porteros del mundo en aquella época. En el Brasil-Inglaterra por fin se hizo la luz del Mundial Chile. Aparecieron la creatividad, el desparpajo, la alegría y el vivaz talento del que poco después sería proclamado mejor extremo derecho de todos los tiempos, Garrincha. Ante la ausencia de Pelé, destacó el excelente juego de su sustituto, Amarildo, pero Brasil aún tenía pendiente la aparición del gran jugador que marcara las diferencias con su personalidad arrolladora: ese fue Garrincha. En el partido ante los ingleses inspiró el lamoso titular de El Mercurio, en que el redactor se preguntaba retóricamente sobre su origen extraterrestre. En aquella ocasión, Garrincha marcó dos. Las semifinales del Mundial Chile fueron de índole continental: compitieron brasileños y chilenos por una parte y, por la otra, yugoslavos y checos, la relativa sorpresa del torneo.

A la espera del milagro, Chile entero se paralizó el día de la confrontación con Brasil en el estadio Nacional de Santiago. Ahí acabó el sueño romántico para Chile, cuya selección saltó a la cancha sintiéndose inferior; además, dos goles de Garrincha convirtieron el resultado en un muro imposible de franquear.
En la otra semifinal, el fútbol especulativo de Checoslovaquia se impuso por 3-1 al juego más abierto de los yugoslavos.
Con la Copa Jules Rimet esperando, la gran fiesta de la final enfrentaba a Checoslovaquia y Brasil. Los checos iban en busca del “milagro”. En Brasil, Pelé había sido olvidado momentáneamente. Los vigentes campeones del mundo confiaban en la inteligencia y las genialidades de Garrincha. El partido final del Mundial Chile se disputó el 17 de junio de 1962 en el estadio Nacional de Santiago. La sorpresa, la brindó el checo Masopust, que a los 15 minutos colocó el uno a cero a favor de su equipo. El juego que llevó a la final a los europeos se había basado en una férrea disciplina táctica, con una defensa casi inexpugnable y una actuación tan brillante como segura de su guardameta. Sin embargo, esas cualidades le fallaron en el partido definitivo. Se esperaba entonces un alud de juego y goles, en lo que habría sido una repetición del Mundial anterior. No fue así. El encuentro no pasó de discreto, sin más detalles destacables que los regates “impertinentes” del joven Amarildo y las esporádicas muestras de la magia de Garrincha. Brasil obtuvo dos goles más en la segunda parte para imponer su superioridad de manera serena, como si el resultado final hubiera estado escrito. Sin duda, el tono gris del Mundial Chile terminó por contagiar al campeón, lo cual, con todo, no impidió que empezara a convertirse en leyenda.