Mundial Mexico
 
 
 

Mundial Mexico

Mundial 1970

El número de participantes del Mundial Mexico incrementó una vez más: 71 países se inscribieron en una etapa clasificatoria de la que saldrían 14 equipos para la fase final, en la que también figurarían México, como organizador, e Inglaterra, como último campeón.

 
 
 
 
Mundial Mexico
 
 
 

Hasta México 1970 todos los mundiales se habían disputado en sedes situadas a nivel del mar. En esta oportunidad, sin embargo, se presentaba el problema de la altura de las poblaciones elegidas como subsedes: Ciudad de México, la capital federal, está a más de 2.200 metros de altitud (el estadio Azteca fue el escenario de los partidos inaugural y final del Mundial Mexico, entre otros); Puebla, capital del estado del mismo nombre, se halla a más de 2.100 metros; Toluca, capital del estado de México, es la que se encuentra a mayor altitud: más de 2.600 metros; por último, León está a más de 2.000 metros y Guadalajara, capital del estado de Jalisco, supera los 1.500 metros.

Para la práctica del fútbol se agregaba un nuevo problema de orden climático: el calor abrasador de algunas ciudades mexicanas en ese período del año. Sin embargo, todo se superó (el esfuerzo máximo fue de los jugadores) para conformar un torneo diferente. Al contrario de los dos Campeonatos del Mundo inmediatamente precedentes, México contagió optimismo y alegría. Hubo encuentros y jugadores del más alto nivel, a pesar de que ya se habían generalizado las prácticas defensivas; todos los equipos del Mundial Mexico jugaban con “líbero” (denominación popularizada por los éxitos obtenidos con el catenaccio italiano) y eran de uso común, sobre todo en los equipos europeos, los rigurosos y disciplinados mareajes al hombre en persecución por toda la cancha. Asimismo, los delanteros comenzaban a ser sólo dos.
México 1970 vino a ser como un oasis en medio del desierto. Incluso los niveles de agresividad disminuyeron rotundamente. La FIFA adoptó un nuevo método para indicar las amonestaciones y las expulsiones de jugadores por medio de tarjetas amarillas y rojas, respectivamente, si bien estas últimas no se pudieron “estrenar”, ya que no se registró ni una sola expulsión en todo el campeonato.

 
 
El 21 de junio de 1970 se produjo el duelo entre dos campeones del mundo en una final histórica del Mundial Mexico: dos estilos opuestos, dos magníficos equipos, dos tácticas diferentes. Brasil e Italia jugaron una final inolvidable. Brasil tomó la iniciativa al mando de Gerson, conductor del equipo, y con el toque como argumento para jugar y con Pelé intentando eludir los mareajes al hombre en persecución por todo el campo impuestos por Italia. Mientras los europeos se atrincheraban en su habitual catenaccio con un claro sistema 4-4-2, a la espera de que sus dos puntas pudieran contragolpear. A poco del comienzo, un centro desde la banda izquierda permitió un espectacular gol de cabeza de Pelé que empezaba a señalar el rumbo del partido. Sin embargo, en un exceso de confianza, el centrocampista Boninsegna empató el partido ante el desencanto del público del Mundial Mexico, completamente volcado con los sudamericanos. La segunda parte fue un festival de “toque” y goles por parte brasileña. Con Pelé como principal ejecutor, llegaron los goles de Gerson (65'), Jairzinho (70') y Carlos Alberto (86') que configuraron un marcador amplio, que estableció las diferencias entre un fútbol alegre, vistoso y superlativo en su calidad, y otro conservador, de férrea disciplina táctica y con poco margen para el desequilibrio del talento individual.
 
 
 
 

Mundial MexicoMundial Mexico 1986

El nombre de Mexico traía gratos recuerdos a todos los aficionados al fútbol. Nadie olvidaba a Brasil del Mundial Mexico de 1970 celebrado en los mismos escenarios (se aprovecharon los mismos estadios, con escasas mejoras, salvo en lo referente a las comunicaciones televisivas). Todos soñaban con una repetición de aquellos grandes partidos. Nadie había olvidado la magia de los brasileños, ni el duelo entre Inglaterra y Alemania, o el Italia-Alemania de semifinales. Los entendidos apostaban por un gran Mundial, en el que la técnica debía imponerse a la fuerza física; y así sucedió realmente, aunque los alemanes, como siempre, rompieran el pronóstico.


El Mundial empezó sin demasiadas sorpresas

El destino quiso que Argentina e Inglaterra se enfrentaran en el último partido de los cuartos de final del Mundial Mexico. Fue en el estadio Azteca. El partido confirmó que Diego Armando Maradona era el mejor jugador del mundo, el futbolista que podía decidir por sí solo el Mundial. Muchos han querido centrar aquel partido en la “mano de Dios”, la definición que dio el propio “Pelusa” al gol que logró con la mano ante la desesperada salida de Peter Shilton. El arbitro tunecino Alí Bennaceur no lo vio, como tampoco miles de espectadores que estaban en el campo. De nada valieron las airadas protestas de Shilton. Sólo la televisión mostraría después la picardía de Diego, del menudo Maradona, al tocar con el puño el balón antes de que lo hiciera el guardameta inglés.
Luego llegaría uno de los goles más bellos del Mundial Mexico y de la historia, comparable a muy pocos tantos, sobre todo porque se logró en un Mundial y ante una selección de dilatada tradición como tiene Inglaterra. Vale la pena recordarlo. Maradona primero se deshizo de Peter Reid “Sentí la necesidad de seguir corriendo con el balón en los pies. Tenía la sensación de que podía dejar a todo el mundo atrás”, declaró luego Diego. Eludió después a Gary Stevens y le “rompió” la cintura al gigantón Terry Butcher. Por último, Fenwick dudó en el cruce y cuando quiso reaccionar, Maradona ya había disparado, y batido a Shilton. Su carrera, su “slalom” histórico, había empezado en su propio campo.
En semifinales del Mundial Mexico, el duelo entre Francia y RF Alemania en el mágico escenario del estadio Jalisco de Guadalajara resultó apasionante. Era la revancha de las semifinales del Mundial de España 1982, donde los germanos, a base de corazón y gracias también a la benevolencia arbitral, se impusieron a una Francia que hizo méritos sobrados para vencer. Fue la noche en que Schumacher lesionó de forma alevosa a Battiston, con una salida en el borde del área que acabó con el defensor francés en el hospital. No hubo revancha. RF Alemania practicó un fútbol muy físico, casi violento. Francia cayó en la trampa, se dedicó a devolver golpe por golpe y se equivocó. El gol de falta de Brehme fue decisivo. Francia no supo reaccionar.

Diego Armando Maradona - Mundial MexicoLa otra semifinal fue para Argentina un mero trámite ante Bélgica. Maradona decidió el partido. El “Pelusa” volvió a marcar un golazo, esta vez con un remate flojo y colocado ante la salida de Pfaff, después de haber penetrado en la zaga belga como un estilete. Hasta el propio guardameta belga aplaudió la acción del genial Diego.
La final del Mundial Mexico fue emocionante. Horas antes de iniciarse el encuentro ya estaba lleno el estadio Azteca. No cabía un alfiler. Era el reencuentro de Maradona con el destino.
Alemania empezó con respeto. Franz Beckenbauer colocó a Lothar Matthaus sobre Diego Armando Maradona en un intento de jugar diez contra diez. Un cabezazo del defensa Brown y una galopada de Valdano colocaron el dos a cero en el marcador. Pero la entrada en el campo de Karl Heinz Rummenigge lo cambió todo. Sucedió como en Sevilla cuatro años antes, con la diferencia de que esta vez los germanos pudieron equilibrar el partido, pero no ganarlo.
Cuando habían logrado el 2-2, cuando parecía que la fuerza física de los alemanes iba a ser decisiva en la resolución de la prórroga del Mundial Mexico, apareció el inigualable Maradona en la zona central del campo. Allí se hizo con el balón, giró sobre sí mismo y lanzó con ventaja a Burruchaga para que se fuera como un cohete, jaleado por miles de aficionados para batir con un tiro colocado a Schumacher.
Argentina lograba así su segundo título mundial, y lo hacía merced a la calidad individual de Diego Armando Maradona, capaz de decidir en los partidos importantes que disputó en ese campeonato. La argentina era una selección aguerrida en la que el “Pelusa” ponía su calidad, junto al toque de Burruchaga y Enrique, la verticalidad de Valdano y la fortaleza defensiva con Ruggeri y Brown como dúo central de garantía.