Mundial Mexico 1986
El nombre de Mexico traía gratos recuerdos a todos los aficionados al fútbol. Nadie olvidaba a Brasil del Mundial Mexico de 1970 celebrado en los mismos escenarios (se aprovecharon los mismos estadios, con escasas mejoras, salvo en lo referente a las comunicaciones televisivas). Todos soñaban con una repetición de aquellos grandes partidos. Nadie había olvidado la magia de los brasileños, ni el duelo entre Inglaterra y Alemania, o el Italia-Alemania de semifinales. Los entendidos apostaban por un gran Mundial, en el que la técnica debía imponerse a la fuerza física; y así sucedió realmente, aunque los alemanes, como siempre, rompieran el pronóstico.
El Mundial empezó sin demasiadas sorpresas
El destino quiso que Argentina e Inglaterra se enfrentaran en el último partido de los cuartos de final del Mundial Mexico. Fue en el estadio Azteca. El partido confirmó que Diego Armando Maradona era el mejor jugador del mundo, el futbolista que podía decidir por sí solo el Mundial. Muchos han querido centrar aquel partido en la “mano de Dios”, la definición que dio el propio “Pelusa” al gol que logró con la mano ante la desesperada salida de Peter Shilton. El arbitro tunecino Alí Bennaceur no lo vio, como tampoco miles de espectadores que estaban en el campo. De nada valieron las airadas protestas de Shilton. Sólo la televisión mostraría después la picardía de Diego, del menudo Maradona, al tocar con el puño el balón antes de que lo hiciera el guardameta inglés.
Luego llegaría uno de los goles más bellos del Mundial Mexico y de la historia, comparable a muy pocos tantos, sobre todo porque se logró en un Mundial y ante una selección de dilatada tradición como tiene Inglaterra. Vale la pena recordarlo. Maradona primero se deshizo de Peter Reid “Sentí la necesidad de seguir corriendo con el balón en los pies. Tenía la sensación de que podía dejar a todo el mundo atrás”, declaró luego Diego. Eludió después a Gary Stevens y le “rompió” la cintura al gigantón Terry Butcher. Por último, Fenwick dudó en el cruce y cuando quiso reaccionar, Maradona ya había disparado, y batido a Shilton. Su carrera, su “slalom” histórico, había empezado en su propio campo.
En semifinales del Mundial Mexico, el duelo entre Francia y RF Alemania en el mágico escenario del estadio Jalisco de Guadalajara resultó apasionante. Era la revancha de las semifinales del Mundial de España 1982, donde los germanos, a base de corazón y gracias también a la benevolencia arbitral, se impusieron a una Francia que hizo méritos sobrados para vencer. Fue la noche en que Schumacher lesionó de forma alevosa a Battiston, con una salida en el borde del área que acabó con el defensor francés en el hospital. No hubo revancha. RF Alemania practicó un fútbol muy físico, casi violento. Francia cayó en la trampa, se dedicó a devolver golpe por golpe y se equivocó. El gol de falta de Brehme fue decisivo. Francia no supo reaccionar.
La otra semifinal fue para Argentina un mero trámite ante Bélgica. Maradona decidió el partido. El “Pelusa” volvió a marcar un golazo, esta vez con un remate flojo y colocado ante la salida de Pfaff, después de haber penetrado en la zaga belga como un estilete. Hasta el propio guardameta belga aplaudió la acción del genial Diego.
La final del Mundial Mexico fue emocionante. Horas antes de iniciarse el encuentro ya estaba lleno el estadio Azteca. No cabía un alfiler. Era el reencuentro de Maradona con el destino.
Alemania empezó con respeto. Franz Beckenbauer colocó a Lothar Matthaus sobre Diego Armando Maradona en un intento de jugar diez contra diez. Un cabezazo del defensa Brown y una galopada de Valdano colocaron el dos a cero en el marcador. Pero la entrada en el campo de Karl Heinz Rummenigge lo cambió todo. Sucedió como en Sevilla cuatro años antes, con la diferencia de que esta vez los germanos pudieron equilibrar el partido, pero no ganarlo.
Cuando habían logrado el 2-2, cuando parecía que la fuerza física de los alemanes iba a ser decisiva en la resolución de la prórroga del Mundial Mexico, apareció el inigualable Maradona en la zona central del campo. Allí se hizo con el balón, giró sobre sí mismo y lanzó con ventaja a Burruchaga para que se fuera como un cohete, jaleado por miles de aficionados para batir con un tiro colocado a Schumacher.
Argentina lograba así su segundo título mundial, y lo hacía merced a la calidad individual de Diego Armando Maradona, capaz de decidir en los partidos importantes que disputó en ese campeonato. La argentina era una selección aguerrida en la que el “Pelusa” ponía su calidad, junto al toque de Burruchaga y Enrique, la verticalidad de Valdano y la fortaleza defensiva con Ruggeri y Brown como dúo central de garantía.
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